¿Hay algo más en Bali que sus famosas playas?

Que Bali es una de las grandes joyas de Indonesia está claro. Y que es uno de los destinos más turísticos del país, también. Pero Ubud, Bali, demuestra que la isla es mucho más que playas, templos y lugares perfectos para una fotografía.

En el interior de la isla, rodeada de arrozales, vegetación y una enorme riqueza cultural, encontramos Ubud, uno de esos lugares que me conquistaron desde el primer momento y al que he vuelto en diferentes ocasiones a lo largo de los años.

He viajado varias veces a Bali y, en mi última estancia, llegué a vivir ocho meses seguidos en la isla. Eso también ha cambiado mi manera de mirar este destino. Lo que en aquel primer viaje descubrí como una viajera de paso, con el tiempo he podido conocerlo desde una perspectiva mucho más pausada y cercana.

Bali tiene una identidad cultural y religiosa muy particular dentro de Indonesia. La población balinesa es mayoritariamente hinduista y esa tradición se percibe constantemente en sus calles: en las ofrendas que aparecen frente a las casas y comercios, en los templos, en las ceremonias, en la arquitectura y en los pequeños detalles de la vida cotidiana.

Y es precisamente esa mezcla de espiritualidad, arte, naturaleza y vida cotidiana la que hace que Ubud tenga algo diferente.

Ubud es especial.

Calles de Ubud durante una celebración en Bali

Calles de Ubud durante una celebración en Bali

El amanecer desde Batur: el perfecto volcán para ver aparecer el día

Si hay una imagen que todavía recuerdo con especial claridad de aquella primera etapa viajando por Bali es la del amanecer desde el monte Batur, un volcán de 1.717 metros de altitud situado en el norte de la isla. Desde Ubud, su perfil aparece como una de esas siluetas que forman parte del paisaje de Bali. Y subir de madrugada para ver cómo empieza el día desde allí fue una de las pocas excursiones organizadas que contraté durante aquel viaje.

No suelo ser muy partidaria de contratar excursiones cuando viajo, porque prefiero descubrir los lugares por mi cuenta y tener libertad para improvisar. Pero en este caso decidí hacerlo así y, sinceramente, creo que mereció la pena.

Despertar de madrugada y arrancar de noche el día

Me recogieron en el guest house alrededor de las dos de la madrugada. La minivan fue haciendo diferentes paradas para recoger a otros viajeros que, como yo, habían decidido madrugar —muchísimo— para contemplar el amanecer.

Llegamos de madrugada a la zona de inicio de la caminata y, después de desayunar algo, nos organizamos en pequeños grupos acompañados por un guía.

Y entonces comenzó el ascenso.

Todavía era completamente de noche. Apenas había luz y el camino se iba haciendo poco a poco mientras avanzábamos entre el silencio, la oscuridad y las luces de las linternas de quienes caminábamos delante y detrás de nosotros.

Una noche mágica y un amanecer inolvidable

Los días anteriores no había sido posible disfrutar del amanecer con claridad debido a la niebla. Pero aquel día tuvimos suerte.

El cielo estaba despejado y, además, coincidió con una noche de luna llena.

La combinación fue perfecta.

Caminar de noche, ver la luna sobre el paisaje y llegar arriba justo a tiempo para contemplar cómo empezaba a aparecer la luz fue una de esas experiencias que se quedan guardadas para siempre.

Y entonces llegaron los otros habitantes de la cima: los monos.

Estaban completamente acostumbrados a la presencia de personas y, sobre todo, muy atentos a cualquier comida que quedara a su alcance. Así que, mientras esperábamos el amanecer, tocaba estar bastante pendientes de nuestras pertenencias y de cualquier cosa que pudiera llamar su atención.

Hoy, además, creo que es importante recordar algo cuando nos encontramos con animales en lugares turísticos: no debemos alimentarlos ni fomentar interacciones que puedan alterar su comportamiento natural.

Y por si te estás preguntando cómo sobrevivimos al frío y al madrugón, hay una pequeña sorpresa allí arriba: también puedes encontrar puestos donde comprar algo caliente para beber.

Un café o un té recién hecho a esas horas, después de haber subido caminando en plena noche, sabe especialmente bien.

Eso sí, evidentemente los precios son más elevados que en otros lugares de la isla. Hay que tener en cuenta que todo lo necesario para ofrecer ese servicio tiene que llegar hasta allí arriba.

Pero, en mi opinión, forma parte también de la experiencia.

Ver amanecer desde el monte Batur es una de esas experiencias que recuerdo con especial cariño de mis primeros viajes a Bali. Y si estás pasando unos días en Ubud y te apetece madrugar —muchísimo— para vivir algo diferente, puede ser una excursión que merezca la pena considerar.

Amanecer desde el monte Batur cerca de Ubud

Amanecer desde el monte Batur cerca de Ubud

 

Y sí, también hay yoga

Hablar de Ubud y no mencionar el yoga sería prácticamente imposible.

Durante años, Ubud se ha convertido en uno de los destinos más conocidos del mundo para quienes buscan yoga, bienestar y espiritualidad. Y no es difícil entender por qué: entre templos, arrozales, naturaleza y una atmósfera mucho más tranquila que la de otras zonas de Bali, es fácil encontrar espacios dedicados a estas prácticas.

En mi caso, el yoga también formó parte de aquella experiencia en Ubud. Hay diferentes estudios y centros donde practicarlo, y algunos combinan las clases con otras actividades relacionadas con el bienestar, la música, la alimentación o la cultura balinesa.

Uno de los espacios más conocidos es The Yoga Barn, que abrió sus puertas en Ubud en 2007 y continúa siendo uno de los referentes de la isla para quienes buscan yoga y bienestar. Actualmente ofrece clases de diferentes estilos, talleres, retiros y otras actividades relacionadas con el bienestar, por lo que puedes acercarte tanto si practicas yoga habitualmente como si simplemente quieres probar algo diferente durante tu viaje.

Pero más allá de elegir un centro concreto, creo que lo interesante es la facilidad con la que puedes incorporar este tipo de experiencias a un viaje por Ubud. No necesitas convertir tu viaje en un retiro espiritual ni ser un experto en yoga: simplemente puedes probar una clase, parar un rato y disfrutar de otro ritmo.

Y quizá esa sea una de las cosas que más me gustan de Ubud: no tienes que ir buscando constantemente algo que hacer. A veces basta con bajar el ritmo y dejarte llevar.

Callejear por Ubud y dejar que el viaje suceda

Creo que una de las mejores cosas que puedes hacer en Ubud es, simplemente, caminar sin demasiados planes.

Sus calles están llenas de templos, pequeñas galerías y tiendas de artesanía, librerías, restaurantes y rincones en los que merece la pena detenerse. Y, aunque algunas de sus zonas más céntricas reciben muchísimo turismo, basta con alejarte un poco de las calles principales para encontrar otro ritmo.

También forman parte del paisaje los arrozales y la vegetación que rodean la localidad. Es esa mezcla entre naturaleza, espiritualidad, arte y vida cotidiana la que hace que pasear por Ubud sea una experiencia en sí misma.

Y luego está su gastronomía.

Ubud se ha convertido en un destino especialmente interesante para quienes buscamos opciones vegetarianas, veganas o basadas en plantas. Hay una oferta enorme y muy variada, desde pequeños locales hasta restaurantes más elaborados. De hecho, si viajas con una alimentación vegetariana o vegana, he preparado un artículo específico con algunos de mis restaurantes vegetarianos de Ubud favoritos.

En algunos de ellos, además, puedes sentarte con vistas a los campos de arroz, disfrutar de un atardecer o, simplemente, acabar compartiendo mesa con alguien a quien no conocías cinco minutos antes.

Una mesa compartida que terminó en una fiesta

Recuerdo especialmente un día en el que decidí probar un restaurante de comida crudivegana que me habían recomendado. El menú era enorme y recuerdo pensar que tenía tantas opciones que iba a necesitar bastante tiempo para decidirme.

Estaba allí con dos amigas cuando empezó a llover con muchísima intensidad.

Tuvimos que refugiarnos bajo techo, pero todas las mesas estaban ocupadas. Así que no hubo más remedio que compartir una.

Nos sentamos con un chico holandés que estaba solo.

Y lo que empezó siendo simplemente una mesa compartida acabó convirtiéndose en una de esas situaciones que no puedes planear.

Al cabo de unos minutos ya éramos más de diez personas alrededor de aquella mesa.

Apareció una guitarra, alguien empezó a cantar, incluso hubo una cantante de ópera, y el resto animábamos el espectáculo como podíamos.

No habíamos quedado.

No nos conocíamos.

Y, sin embargo, durante un rato parecía que llevábamos juntos todo el viaje.

Esto también es Ubud.

Y quizá sea precisamente por momentos así por lo que me gusta tanto viajar: porque muchas veces las mejores experiencias son las que no aparecen en ningún itinerario.

 

El mercado de Ubud

Otra de las cosas que más recuerdo de Ubud es su mercado. Tengo debilidad por los mercados locales y, cuando viajo, siempre intento reservar tiempo para recorrerlos sin demasiada prisa.

El Ubud Art Market, conocido localmente como Pasar Seni Ubud, se encuentra en pleno centro y es uno de esos lugares donde puedes pasar un buen rato simplemente observando el movimiento, curioseando entre los puestos y dejándote llevar por lo que encuentras.

En sus puestos puedes encontrar desde artesanía y textiles hasta recuerdos, accesorios, decoración y todo tipo de productos pensados para llevarte un pequeño pedazo de Bali a casa.

En mi caso, más que ir con una lista de compras, me gustaba perderme entre sus pasillos, mirar los colores, descubrir los productos y observar ese continuo ir y venir de vendedores y viajeros.

También recuerdo especialmente los pequeños puestos de bebidas y zumos, y esa sensación tan habitual cuando viajas por Asia de sentarte un rato, observar y dejar que el mundo siga pasando delante de ti.

Ofrenda tradicional balinesa en Ubud

Ofrenda tradicional balinesa en Ubud

Si te gustan los mercados tanto como a mí, probablemente disfrutes especialmente de esta parte de Ubud. Eso sí, recuerda que se trata de un mercado muy turístico y que regatear forma parte de la experiencia de compra en muchos de sus puestos, siempre desde el respeto y sin olvidar que detrás de cada producto hay una persona intentando ganarse la vida.

Y, por supuesto, si compras artesanía, textiles o recuerdos, merece la pena preguntarte también qué estás comprando y cómo se ha producido. Elegir productos locales, evitar artículos fabricados con materiales procedentes de animales y no contribuir a la explotación de fauna como reclamo turístico son pequeños gestos que también forman parte de viajar de una manera más responsable.

Antes de viajar a Ubud: algunas cosas que conviene saber

Si estás pensando en incluir Ubud en tu viaje por Bali, hay algunas cosas que merece la pena tener en cuenta.

No vayas con la idea de que Ubud es un pequeño pueblo tranquilo en mitad de la selva. Algunas de sus zonas más céntricas son bastante turísticas y el tráfico puede llegar a ser intenso, especialmente en determinadas épocas y horarios.

Aun así, basta con alejarte de las calles más concurridas para encontrar arrozales, pequeños caminos, templos y rincones donde el ritmo cambia completamente.

Si es tu primer viaje a Indonesia, también puedes echar un vistazo a mis 10 consejos para viajar a Indonesia, donde encontrarás recomendaciones generales que te pueden ayudar a preparar el viaje.

¿Cuántos días dedicar a Ubud?

No existe un número de días perfecto, porque depende mucho de cómo viajes. Puedes utilizar Ubud como base para explorar diferentes lugares del interior de Bali o quedarte varios días simplemente disfrutando de su ambiente.

Personalmente, creo que merece la pena no intentar verlo todo con prisas. Ubud se disfruta mucho más cuando dejas espacio para improvisar, pasear y descubrir lugares que no tenías apuntados.

¿Cómo moverse por Ubud?

Para distancias cortas, caminar puede ser una buena opción, aunque las aceras no siempre son cómodas y el tráfico puede hacer que algunos trayectos sean menos agradables de lo que parecen sobre el mapa.

Para desplazamientos más largos puedes recurrir a diferentes opciones de transporte local y aplicaciones de movilidad, dependiendo de la zona y de las condiciones del momento.

Y si vas a realizar excursiones por los alrededores, merece la pena valorar opciones que prioricen guías y proveedores locales y prácticas de turismo responsable.

¿Qué llevar?

Si vas a hacer alguna caminata, como la subida al monte Batur, necesitarás prepararte para condiciones muy diferentes a las que encontrarás en las zonas más bajas de Bali. Para el resto de Ubud, ropa ligera y cómoda, calzado adecuado para caminar y algo para protegerte de la lluvia son buenos aliados.

Y un último consejo: deja espacio en la maleta. Entre la artesanía, los textiles y todas las cosas bonitas que encontrarás por el camino, probablemente lo necesites.

¿Merece la pena visitar Ubud?

Después de haber vuelto a Bali varias veces a lo largo de los años, e incluso de haber pasado ocho meses seguidos viviendo en la isla en mi última estancia, sigo entendiendo por qué Ubud dejó una huella tan especial en mí desde aquel primer viaje.

Pero quizá lo bonito sea precisamente eso: los lugares no siempre significan lo mismo cuando vuelves a ellos.

La primera vez llegué como una viajera que quería descubrir Bali. Con el tiempo, he podido regresar, mirar la isla de otra manera y conocer rincones y formas de vida que no habría descubierto en una visita rápida.

Y Ubud sigue teniendo esa capacidad de invitarte a bajar el ritmo.

Puedes venir buscando yoga, cultura, arrozales, gastronomía, templos o simplemente un lugar diferente donde pasar unos días. Pero muchas veces acabarás encontrando algo que no estabas buscando.

Una conversación inesperada.

Una comida compartida.

Una lluvia torrencial que cambia tus planes.

Un paseo sin rumbo.

Un amanecer después de haber pasado la noche caminando.

Eso es lo que más me gusta de Ubud: que muchas de sus mejores experiencias no aparecen en ningún itinerario.

¿Volvería?

Sin ninguna duda.

Aunque probablemente la próxima vez vuelva a dejar algunos planes en casa y me limite a caminar.

Porque, después de tantas visitas a Bali, sigo pensando que una de las mejores maneras de descubrirla es precisamente esa: sin tener que descubrirlo todo.

✈️ Viaja con tranquilidad

Antes de viajar a Bali, recuerda contratar un seguro de viaje que cubra asistencia médica, equipaje y posibles incidencias durante el viaje.

 

Imágenes Relacionadas: