Mi paso por las famosas Islas Gili, en Indonesia, me dejó una experiencia de menos a más. Tras poner el pie en la primera isla, pensé que el viaje iba a ser un desastre. Menos mal que escogí bien el orden y fui de Trawangan a Meno y, finalmente, a Gili Air.

Quizá si hubiera hecho el recorrido al revés, no habría conocido alguna de ellas o no habría pasado tanto tiempo disfrutando de la que acabaría convirtiéndose en mi favorita. Porque aunque me costó encontrarlo, el paraíso estaba al final del camino.

El viaje por las Islas Gili lo empecé con dos amigas, aunque lo terminé sola porque decidí quedarme más tiempo en la última de las tres islas.

Las tres Islas Gili son diferentes

Al llegar a Gili Trawangan, la más grande de las tres islas, ya aprecié que aquello no era lo que buscaba. Aun así, me apetecía recorrerla entera y ver qué podía ofrecerme.

Cierto es que había buscado información y sabía que cada una de ellas era diferente. Trawangan, más festera. Meno, la más tranquila de las tres. Y Air, un mix de ambas. Y aunque buscaba paz y tranquilidad, me apetecía conocer las tres Gili para poder compararlas.

Si estás pensando en visitar las Gili, ten en cuenta que elegir una u otra puede cambiar completamente la experiencia. Y eso fue precisamente lo que descubrí durante mi viaje.

Gili Trawangan: la isla más fiestera

El día en Gili Trawangan se hizo complicado. Había habido un gran temporal unos días antes y estaban todas las playas llenas de basura. En esta ocasión, el paraíso de la isla había desaparecido. Así que ni buceo, ni snorkel ni nada parecido.

El turismo también tuvo mucho que ver. Había botellas de cristal tiradas por la arena y basura dejada por los propios visitantes. Por desgracia, no solo el temporal había dejado su presencia en la isla.

Algo realmente triste porque sí, las Gili son un paraíso. Decidí darle una oportunidad a la noche: hay que conocer cada ambiente de un sitio para poder opinar con conocimiento de causa. Pero tampoco me dejó buen sabor de boca.

Demasiada gente con un alto grado de alcohol en el cuerpo, música excesivamente comercial y la clase de turismo que precisamente ni necesitaba ni me gusta en absoluto.

Así que, tras comer algo en el night market con una de mis amigas, decidimos irnos a la cama a ver si descansando, al día siguiente veíamos las cosas de otra manera.

Gili Trawangan

Gili Trawangan

 

Buscando otra zona

Al despertar, el día estaba bastante lluvioso. Decidimos, aun así, recorrer la isla para ver si encontrábamos otra zona mejor. Y así fue.

Al norte de la isla, desde donde se ven increíbles atardeceres, había unos bungalows nuevos y bastante baratos. Así que decidimos cambiarnos de alojamiento. Aunque en el anterior estábamos realmente bien, la zona no nos llamaba nada la atención: demasiado cerca del puerto, de los bares, de la gente y, además, ¡demasiados mosquitos!

Gracias al cambio, pudimos disfrutar de un día de playa tranquilo. Unos zumos en el bar a pie de arena y una sesión de fotos patrocinada por el artista que allí mismo había creado una escultura meses atrás. Tuvimos incluso el placer de conocerlo porque se encontraba de vacaciones en Trawangan. Una persona realmente interesante, culta y con unas ideas increíbles para crear arte.

La noche fue un poco movidita. Se nos había metido un gecko en la habitación y no había manera de encontrarlo. Así que, cada cierto tiempo, nos cantaba su particular serenata.

Gili Trawangan

Gili Trawangan. Artista: Miko Malioboro

 

Gili Meno: la isla más tranquila

Al día siguiente decidimos cambiar de isla. El barco que nos llevaría hasta Gili Meno solo tardaba unos 20 minutos. Las tres islas están muy cerca entre sí y es fácil desplazarse de una a otra en barco, por lo que recorrer las Gili combinando varias islas es una opción bastante sencilla.

Al llegar, el tiempo no acompañaba en absoluto, así que decidimos sentarnos en el primer bar que vimos y desayunar algo antes de ponernos a buscar alojamiento.

Aunque fue tarea sencilla, ya que nos lo ofrecieron nada más dar dos pasos, algo bastante habitual en el sudeste asiático. Tras desayunar fuimos a ojear el guest house y nos quedamos.

No eran cabañitas, sino la casa particular de una familia muy agradable, un homestay. El lugar se llamaba Oce Deh Homestay y lo recomiendo a todo el que vaya a Meno, porque la amabilidad y generosidad de sus dueños hicieron que fuera un sitio especial.

Gili Meno

Gili Meno

 

 

Paseando por Gili Meno

Tras dejar las mochilas, y aunque seguía lloviendo, nos dispusimos a recorrer la isla andando. Gili Meno se puede recorrer fácilmente a pie y sin prisas, así que no necesitamos ningún transporte para conocerla.

En aquella época existían pequeños carros tirados por burros que, sinceramente, recomiendo no utilizar a quien me lea y tenga en cuenta el bienestar del animal. En mi viaje pude ver animales trabajando durante muchas horas, bajo la lluvia o expuestos al sol y transportando grandes cargas.

Es un tema sobre el que podría escribir un artículo entero, pero prefiero dejar aquí mi reflexión: viajar también implica decidir qué experiencias apoyamos con nuestro dinero.

Gili Meno ya era diferente a su isla antecesora y, menos mal, aquello me gustó mucho más. Los dos días que pasé allí fueron lluviosos y poco se podía hacer más que pasear, comer y dormir.

Pero es que en esta isla no hay mucho más que hacer: es la más tranquila de las tres, e incluso la palabra se le queda corta. Posee un lago de agua salada en el norte de la isla que la hace algo más especial.

La isla está mucho menos habitada y la gente local me pareció realmente agradable.

Gili Meno

Hagamos turismo responsable

 

Gili Air: mi pequeño paraíso

Y por fin, llegaría a mi pequeño paraíso: Gili Air.

He de decir que buceo, por lo que la isla ya tenía encanto para mí: existen muchas escuelas y clubs de este deporte y se respira en el ambiente. Pero no solo por ello Air es especial.

Cierto que es una mezcla de ambas y puedes encontrar tanto tranquilidad como fiesta, aunque esta es bastante diferente a la de Trawangan. Mucho más “selecta” y elegante. La clase de turismo también es diferente.

¡Y lució el sol!

Los días que pasé en Gili Air no vi caer la lluvia. Era como una señal de que esa era mi isla.

Bares a pie de playa, zonas sin construir y caminos hacia el interior de la isla con warungs, restaurantes locales en los que podías comer un buen plato de arroz con verduras o lo que te apeteciera por apenas 15.000 rupias en aquella época.

Me di cuenta de que ese era mi lugar.

La sonrisa en Gili Air

¿Con cuál de las tres Islas Gili me quedo?

Después de pasar por las tres, entendí que las Islas Gili no son un único destino, sino tres experiencias completamente diferentes.

Trawangan no era para mí. Meno me pareció demasiado tranquila. Y Gili Air consiguió exactamente ese equilibrio que estaba buscando: playas, tranquilidad, pequeños warungs, ambiente y, además, un lugar perfecto para alguien que disfruta del buceo.

Empecé el recorrido acompañada de dos amigas y terminé sola, simplemente porque había encontrado una isla en la que quería quedarme un poco más.

Y si algún día vuelvo a las Gili, tengo bastante claro dónde me encontraréis.

Sunset Lounge en Gili Air

 

Años después, sigo recordando Gili Air como uno de esos lugares en los que sentí que había encontrado exactamente lo que buscaba.

 

 

 

 

 

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